Enojados por una democracia de telenovela

Este año se celebran las elecciones presidenciales en México, un país donde se convive con el narcotráfico y el crimen organizado, como bien se ironiza en películas como El Infierno:

Pero México es mucho más que eso. Corrupción, manipulación informativa y la eficacia insuficiente de los partidos políticos (conceptos que tanto nos suenan), también tienen presencia al otro lado del charco. Pero los mexicanos no están dispuestos a que esto siga así, de ahí han nacido Los Enojados, personas que ante esta situación insostenible han decidido alzar su voz. Comenzó como un movimiento estudiantil de protesta contra Peña Nieto (uno de los candidatos a la presidencia) en la Universidad Iberoamericana del DF, aunque ya son muchos los ciudadanos que se han unido a las protestas.

¿Solo van a ir a por la silla o van a cambiar el futuro de nuestro país? Yo Soy 132, ¿y tú?

Curiosidades de “Blade Runner”

Título original: “BLADE RUNNER”

Director: Ridley Scott.

Guión: Hampton Fancher y David Webb Peoples, sobre una novela de Philip K. Dick, y Roland Kibbee (textos de la voz en off).

Intérpretes: Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Daryl Hannah, Edward James Olmos, Brion James, Joe Turkel, M. Emmet Walsh, William Sanderson, Joanna Cassidy.

Estreno en Estados Unidos: 25 de junio de 1982

Estreno en España: 21 de agosto de 1982

Número de espectadores en España: 1.096.077

-          El legendario monólogo final de Rutger Hauer en “Blade Runner”, tal y como estaba escrito en el guión, era mucho más largo. Pero el propio actor sugirió que un speech tan extenso iba a resultar anticlimático, y Ridley Scott le dejó reducirlo a su antojo. Así que Hauer mantuvo las partes del monólogo que más le gustaban y añadió la frase final: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Cosecha de Rutger Hauer.

-          Ridley Scott contrató a Rutger Hauer sin conocerle en persona, tras haber quedado impresionado por el trabajo del actor en varias películas holandesas, como “Katy Tippel”. Cuando iban a verse cara a cara por vez primera, Hauer decidió gastar una broma a Scott y se presentó en el plató llevando unas enormes gafas de sol verdes, un pantalón rosa satinado y una amplia camisa blanca, al más puro estilo hippy. Cuentan que Ridley Scott se quedó literalmente blanco al ver el aspecto del actor, temiendo haber cometido un gravísimo error de casting que podría haber echado a perder toda la película.

Rutger y Harrison, descansando al filo del abismo.

-          Para el papel principal de “Blade Runner” se barajaron toda clase de nombres, de presencia radicalmente distinta a la de Harrison Ford: entre otros, Dustin Hoffman, Gene Hackman, Sean Connery, Jack Nicholson, Paul Newman, Clint Eastwood, Arnold Schwarzenegger, Al Pacino, Burt Reynolds, Raul Julia, Scott Glenn, Robert Duvall o Peter Falk. Cuesta mucho imaginar qué clase de película habría resultado, con cualquiera de esos intérpretes.

 -          Harrison Ford y Sean Young se enamoran en la película… pero en la vida real, no se podían ni ver. La joven Young sólo tenía 23 años cuando rodó “Blade Runner” y, además de inexperta, era por lo visto una actriz muy poco profesional. Enseguida chocó con Harrison Ford, y el actor no fue precisamente caballeroso con ella. Después de cada beso, Ford se alejaba de Sean Young como si fuera una apestada, y en la escena en que Ford la empuja y le da una bofetada… el actor la empujó y la abofeteó de verdad.

¡Pues en esta Polaroid parecían amiguetes!

-          El papel de Daryl Hannah estaba pensado, inicialmente, para la actriz y cantante Deborah Harry, líder del grupo “Blondie”. Y la persona que dobló a Hannah en la escena en que su personaje realiza un montón de acrobáticas volteretas fue, curiosamente… un hombre. Esas volteretas la iba a rodar Hannah en persona, que había hecho gimnasia rítmica cuando era niña. Pero justo antes de rodar la escena, la actriz sufrió una lesión en un codo. Ridley Scott debían encontrar inmediatamente a alguien capaz de sustituirla, para que no se paralizara el rodaje, así que ordenó una pausa para almorzar. Y mientras todos comían deambuló por los platós, interrogando a todo el mundo… hasta descubrir que uno de los especialistas para escenas peligrosas había sido gimnasta en su juventud. Cuando el equipo del film volvió del almuerzo encontraron al especialista con una gran peluca rubia, disfrazado de Daryl Hannah y listo para rodar la escena. Viendo “Blade Runner” a cámara lenta puede apreciarse que, en las tomas acrobáticas, el personaje de la femenina Daryl Hannah es, en realidad, un hombre.

 -          La relación de Ridley Scott con los miembros del equipo técnico fue muy tormentosa. En el plató había profesionales de Estados Unidos y de Inglaterra, y el director, inglés hasta la médula, declaró en una entrevista que estaba muy descontento con el trabajo de los americanos. Éstos respondieron acudiendo al rodaje con camisetas en las que se leía “Blood Runner”; al día siguiente, los ingleses del equipo (incluido Ridley Scott) llevaron sus propias camisetas con la leyenda “Xenophobia Sucks”. El incidente fue conocido como “La guerra de las camisetas”.

 -          Las discusiones más graves vinieron causadas por el guión inicial, que no convencía a nadie. El primer guionista, Hampton Fancher, escribió el guión de “Blade Runner” adaptando con cierta fidelidad la novela de Philip K. Dick “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?”. Ese guión fue reescrito por David Webb Peoples, alejándose completamente de la novela original. Y aún así, cuando Philip K. Dick vio en una proyección privada los primeros 20 minutos del film, declaró públicamente que “Blade Runner” reproducía a la perfección la visión de su libro. Lo curioso es que ni David Webb Peoples ni Ridley Scott leyeron nunca la novela de Dick.

-          La maqueta de Los Ángeles que aparece en los primeros segundos del film medía 4 metros de profundidad y casi 6 metros anchura, con 2.000 luces conectadas a través de una red de más de 11 kilómetros de fibra óptica. Para crear los edificios que vemos en primer plano, en otras escenas del film, se usaron maquetas retocadas de películas anteriores como “Encuentros en la tercera fase” o “Estrella oscura”. Y, de hecho, uno de los edificios de “Blade Runner” es en realidad una maqueta del Halcón Milenario, colocada en posición vertical y lo bastante transformada como para que no parezca una nave espacial sino un edificio.

 -          Un edificio real que aparece en la película es el “Edificio Bradbury” de Los Ángeles, famoso por su ascensor de hierro forjado. Allí se rodó la persecución final entre los personajes de Harrison Ford y Rutger Hauer. Y también se han rodado, con el célebre ascensor a la vista, escenas de “El Lobo”, “Chinatown”, “(500) días juntos”, “Perdición”, “Arma letal 4” o teleseries como “Star Trek”, “Misión Imposible” o “En los límites de la realidad”.

-          Dice la leyenda que la partida de ajedrez a distancia que juegan los personajes de Eldon Tyrell (Joe Turkel) y JF Sebastian (William Sanderson) reproduce los movimientos y la posición de la figuras en el tablero de una legendaria partida real: la que disputaron en 1851 Adolf Anderssen y Lionel Kieseritzky, y que pasó a la historia como “La Partida Inmortal” (en esa partida, Anderssen sacrificó su Dama para obligar a Kieseritzky a ponerse en posición de sufrir un jaque mate inevitable). No obstante, el propio Ridley Scott quita peso a ese rumor y asegura que si la partida de ajedrez de “Blade Runner” se corresponde con “La partida inmortal” es por pura casualidad.

 -          A mitad de película, Harrison Ford estudia al microscopio la escama de una serpiente, que luego resulta ser la serpiente – mascota de la replicante Joanna Cassidy. En realidad, la imagen que se ve al microscopio en “Blade Runner” no pertenece a la escama de ningún animal… sino a una hoja de marihuana.

-          La palabra replicante no aparece en la novela original de Philip K. Dick: la introdujo en la película el guionista David Webb Peoples, y a él se la dio a conocer su hija, Risa, que en aquel momento estudiaba bioquímica y microbiología. Risa explicó a su padre cómo algunas células realizan réplicas de sí mismas, en lo que sería un proceso microbiológico de clonación. Y escuchando esa explicación de su hija, el guionista dio con la palabra idónea para designar a los androides último modelo de “Blade Runner”.

 -          ¿Es o no es el personaje de Harrison Ford un replicante? La primera versión estrenada en cines de la película no transmite esa idea en ningún momento, y el propio Ford siempre defendió que su personaje no es un replicante. Pero cuando “Blade Runner” se reestrenó en 1992, con el subtítulo de “El montaje del director”, una de las escenas añadidas (el sueño del unicornio) daba a entender que sí lo era. En 2007 se estrenó la tercera versión (“El montaje final”) y Ridley Scott dijo entonces que el personaje de Harrison Ford siempre había sido un replicante. Ford sigue diciendo que él prefiere la interpretación original: la de que Roy Deckard es un simple humano. Un hombre contra las máquinas.

-          El baile de versiones de “Blade Runner” tiene su origen en el discutido final de la primera versión. Los productores querían un desenlace optimista y un desarrollo más comprensible: por eso se introdujo a última hora la voz en off de Harrison Ford (con la intención de aclarar al espectador qué demonios ocurre en la pantalla, y que Ford grabó a regañadientes) y se añadió un final luminoso con planos aéreos de bosques (que en realidad eran descartes de “El resplandor”, filmados por Stanley Kubrick para la primera escena de ese film).

 -          A Ridley Scott nunca le gustó ese final optimista, y en el reestreno de 1992 fue eliminado de la película. Pero lo cierto es que Scott apenas participó (o eso dice él) en esa segunda versión, y nunca la sintió como suya. En cambio, sí supervisó “El montaje final” de 2007, y asegura que ésa es la versión definitiva de “Blade Runner”: la buena. No obstante, no son pocos los que opinan que tanto remontaje no obedece a ningún impulso artístico de Ridley Scott en busca de una versión rigurosa… sino al deseo de recaudar dólares en taquilla nada menos que tres veces, con una sola película.

 

Comunidades

Últimamente me he visto envuelta en numerosas conversaciones sobre comunidades, bien por personas que buscan crear comunidades o yo como parte de ellas. En este punto en el que me pregunto a qué se debe este aumento de necesidad de pertenecer a un grupo, en el que el término equipo gana fuerza sobre la individualidad no puedo dejar de recordar a Bauman.

Ya sentenció él en su día la insalvable dualidad entre la pertenencia a una comunidad y la falta de independencia como ser humano. Como las reglas del grupo prevalecen sobre las propias y la fidelidad ante ella es la base de las relaciones humanas que se establecen. Sin embargo, me llama la atención como en esta época de crisis apelamos al sentimiento comunitario en busca de seguridad y firmeza de nuestra existencia.

Foto observando

Bien son las personas que buscan unirse a personas o bien las propias marcas que quieren un número de seguidores, con esto de la moda de las redes sociales, para que les sigan y tener apoyo en épocas de austeridad. Lo que todavía no se han dado cuenta estas últimas es la ley de la base de las redes sociales es el contacto de igual a igual, y cuando esto no se cumple crea recelo en uno de los interlocutores. Por ello, creo que se deben replantear la estrategia de su presencia en las redes.

Bauman mostraba como la ruptura de comunidades naturales en pos del triunfo del sistema capitalista en la industrialización hizo que se se rompieran las leyes naturales creadas en las comunidades rurales y con ello la nueva era del trabajo en la industria. La eliminación de esas leyes era esencial para que el nuevo sistema funcionara, ya no se trabajaba para uno mismo, ya no se tejían hábitos entre vecinos para sacar el trabajo adelante. En aquellos comienzos de la industrialización los futuros hombres de negocios, sin más límite que el cielo para crecer, necesitaban nuevas normas sociales, individualizadas y creadas entorno a la empresa.

Así, durante los años de bonanza económica poco o nada nos hemos acordado de la necesidad de pertenencia que tiene el ser humano. Los bienes materiales han hecho creer que podíamos ir solos por el mundo sin necesidad de trabajar los vínculos relacionales con otras personas. Y ahora, cuando la falta de sustento económico y base de valores acecha en cada esquina buscamos ciegamente el calor humano que nos recuerde que no somos tan diferentes unos de otros, y que necesitamos la pertenencia a algo.

Muchos se preguntan cómo se crean las comunidades, cómo crear ese germen que invada y que se expanda para sentar las bases del hogar de la comunidad. Es evidente que es necesario aprender a gestionarse a uno mismo para gestionar a comunidades, pero ¿Cómo se gestiona uno mismo? Ahí viene la clave. En un entorno cambiante, de días oscuros y menos oscuros ¿Cómo se aprende a no salirse de la línea y seguir cuerdo(deatar)? Quien tenga la clave, que vierta luz sobre las sombras, por favor.

Finalmente, con toda esta nueva ola de comunidades en auge, espero que cuando vuelvan los buenos años (porque volverán, tarde o temprano) hayamos aprendido un poco más del pasado, de la necesidad de tejer redes y enriquecer los grupos que tanta falta nos hacen.

Gozaremos de escasa independencia sin ellos, pero ¿Quién dijo que el ser humano es capaz de vivir libre?

“Cómics de ciencia – ficción, vida interior” (“Blade Runner”, agosto de 1982)

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Los años 80 estuvieron marcados, en su estilismo, por el fracaso. Y no porque las hombreras, los litros de laca y los cinturones en las axilas deban considerarse un fracaso estético (opinión, por lo demás, sumamente defendible), sino porque la película que marcó la estética dominante en toda esa década fue un rotundo fracaso de taquilla. Estrenada en Estados Unidos el 25 de junio de 1982, “Blade Runner” recaudó en su primer fin de semana la decepcionante cifra de 6 millones de dólares, llegando tan sólo al 2º puesto en el ranking. La 2ª semana bajó al 5º puesto, después al 8º y rápidamente se perdió en las simas de la taquilla, acumulando en su corta vida comercial poco más de 27 millones de dólares: muy por debajo de lo esperado en una película del director de “Alien – El octavo pasajero” y con el protagonista de “En busca del arca perdida” y de “La guerra de las galaxias”. Los posteriores reestrenos de “Blade Runner” maquillaron las cifras, y al transformarse con el tiempo en una película de culto sumó buenos dividendos con las ventas del DVD. Pero si hablamos de cine, de exhibición en salas de cine, no hay maquillajes que valgan: “Blade Runner” fue un fracaso económico.

Ahora bien: si hablamos de impacto visual, fue un éxito como pocas veces se ha visto. Su atmósfera decadente, de lluvia, neón y calles decrépitas, fue imitada hasta el hartazgo (no había videoclip que no recordara a “Blade Runner”). Y la (relativa) profundidad de su trama entusiasmó a esa parte del público que apreciaba la ciencia – ficción pero que consideraba infantil a George Lucas:  si los geeks adoraban “La guerra de las galaxias”, los que buscaban algo más aplaudían “Blade Runner”.

Y además, los que aplaudían “Blade Runner” eran los mismos que, aburridos del adolescente Universo Marvel, consumían cómics de ciencia – ficción. Esos cómics en los que se había inspirado Ridley Scott para crear los escenarios de “Blade Runner”; esos cómics que mi hermano mayor almacenaba en los estantes más altos de su armario, intentando que no estuvieran al alcance de mis manos de niño.

Obviamente, sí lo estaban.

Éramos una familia atípica, por numerosa: siete hermanos, cuatro chicos y tres chicas, con las chicas en el primer dormitorio del pasillo, mis padres en el dormitorio central y los cuatro chicos una puerta más allá, en el dormitorio más grande. Nuestras cuatro camas ocupaban dos paredes del dormitorio, y las otras dos paredes las cubría un enorme armario en forma de ele, en el que se apelmazaban nuestros libros, nuestros discos… y nuestros cómics. A menudo acababan todos mezclados, pero aún así podía apreciarse cierta lógica en su distribución. Mis ejemplares de “Mortadelo y Filemón”, “Astérix” y “Tintín” abarrotaban un estante, los cómics de “Conan, el bárbaro” saturaban otro, los libros más adultos de mi entonces único hermano emancipado tenían su propio espacio, y los cómics de ciencia – ficción de mi hermano mayor llenaban toda una estantería, de abajo a arriba, junto a su cama. Y, con el tiempo, acabé percibiendo en esa estantería una distribución lógica a prueba de bombas, característica del más cartesiano de los hermanos.

Abajo del todo estaban las revistas de cine, aquellas a las que podía acudir, y acudía, sin que a nadie le pareciera extraño que un mocoso empollara número tras número de “Fotogramas”. Justo encima estaban los cómics, digamos, inofensivos, y más arriba, con peligro creciente en cada estante, en cada instante, se encontraban aquellos cómics que, por edad, supuestamente no debía leer. Está claro que mi hermano infravaloró mis cualidades como escalador.

Portada típica de “Creepy”: modestia, la justa.

Estirando un poco el brazo, sin gran esfuerzo pero con la consciencia latente de hacer algo incorrecto, podía alcanzar los “Creepy”. No eran propiamente de ciencia – ficción pero sí de género fantástico, y en ellos conocí a “La Cosa del Pantano” de Bernie Wrightson, a los Hombres – Lobo de Richard Corben y a “Vampirella”, que ya entonces me pareció poco abrigada para vivir en Transilvania (o donde viviera, o en realidad en cualquier parte). Y en sus portadas, “Creepy” trataba de inquietar al lector con ilustraciones de cementerios, calaveras y demás Criaturas de la Noche. Pero debo reconocer que, poco a poco, las Criaturas que de verdad me inquietaban eran las mujeres semidesnudas que invariablemente aparecían en aquellas portadas un mes tras otro. Y por pura lógica estaba seguro de que, cuanto más ascendiera en la estantería, más interesantes serían las portadas.

Número 40 de “CIMOC”, a la derecha.

Cuando nadie miraba, empecé a subirme a la cama de mi hermano para poder ver qué había encima de los “Creepy”, y en el estante superior me encontré con los “Cimoc”… entrando así de lleno en los cómics de ciencia – ficción. Sus referencias cinematográficas eran tan obvias que hasta yo comprendí que “Cimoc” estaba pensando para fans de “Blade Runner” y similares: en sus páginas podian leerse las peripecias de dos aventureros del futuro llamados “Clarke & Kubrick”, de Alfonso Font. Y, efectivamente, sus portadas eran más interesantes que las de “Creepy”: entre la cacharrería futurista de sus ilustraciones aparecían mujeres más terrenales que espaciales, mostrando con atrevimiento todo su generoso escote y medio pezón (“Cimoc” nº 40, junio de 1984). A lo mejor, me dije, a lo mejor la ciencia – ficción no era en realidad el reclamo más poderoso de estos cómics…

Tenía que llegar más arriba, así que, de puntillas sobre la cama y estirando el brazo en toda su (infantil) extensión, alcancé un nuevo estante: el de “1984”. El título de esos cómics, pensé yo, debía estar tomado de un libro serio que tenía mi hermano emancipado en su parte del armario, y si aquellos cómics concitaban el interés de mis dos hermanos mayores, la cosa prometía. En ellos encontré de nuevo a Richard Corben, con historias que me parecieron todavía mejores que las “Creepy” (seguramente porque las mujeres de sus dibujos tenían aquí los pechos aún más grandes), y también leí a Juan Giménez, Fernando Fernández, Alfonso Azpiri, Abulí & Bernet… y las aventuras de “Druuna” de Eleuteri Serpieri (en la escala del perímetro pectoral, no podía haber nada más interesante que los dibujos de Serpieri).

Llegados a 1985, y para evitar la contradicción de que un cómic futurista tuviese un nombre del pasado, los editores de “1984” cambiaron su título por el de “Zona 84”… y dieron rienda suelta a su autobombo. Por eso una de sus portadas proclamaba, con absoluta seriedad y en grandes caracteres, que “Los grandes autores de cómic no limitan la imaginación: la amplían”. Pero por más que proclamaran las portadas, los contenidos de “Zona 84” eran mucho menos imaginativos, en general, que los de “1.984”. Por tanto, para poder seguir leyendo buenas historietas no tenía más remedio que completar la ascensión a la estantería. Y ya sólo quedaba un estante, el más alto, rozando el techo de la habitación.

Con las puntas de los dedos del pie izquierdo apoyados sobre la almohada y tres cojines, con el pie derecho encaramado al estante de “Creepy”, una mano sujeta al lateral del armario y el otro brazo estirado al máximo hacia arriba, rocé con las uñas los lomos de los cómics más prohibidos. Las clavé en ellos y estiré despacio hacia afuera, deslizándolos lo justo para poder cogerlos. Y con el tesoro ya en las manos, leí la palabra de cinco letras que daba título a esos cómics: “TOTEM”.

Debo reconocer que en las páginas de “TOTEM” no presté a Hugo Pratt la atención que merecía: el laconismo de sus dibujos era menos interesante que la sexualidad que Guido Crepax o las anatomías de infarto de Milo Manara (comparadas con las mujeres de Manara, las de Richard Corben parecían las madres de las “Mama Chicho”). Y por supuesto no tenía ni puñetera idea del argumento de “El Click” y no entendía muy bien lo que hacían sus personajes (y mucho menos, por qué lo hacían), pero releía esa historia de Manara, publicada por capítulos en las páginas de “TOTEM”, en cuanto tenía ocasión.

Y cuando el impacto de Manara se mitigó lo bastante como para que yo mostrara interés por otras páginas de “TOTEM”, descubrí que en ese cómic había un francés que dibujaba mucho, y bien. Un tal “Moebius”: un tipo que había colaborado con Ridley Scott en el rodaje de “Alien”, diseñando los trajes de astronauta de los protagonistas. Y buscando referencias a “Moebius”, regresé a la base de la estantería y allí redescubrí los números atrasados de “Fotogramas”, y releí los artículos sobre ciencia – ficción y sobre “Blade Runner”, y atisbé la vida interior de películas como ésa. Y deduje que, quién sabe: quizá la saga de las galaxias no era para tanto.

Jean Giraud, más conocido como “Moebius”, era en sí mismo un tótem de la ciencia – ficción. Por eso Ridley Scott le pidió que colaborara en los diseños de “Blade Runner”, tal y como había hecho en “Alien”. Pero “Moebius” rechazó la oferta, embarcado como estaba en “Metabarones” y demás proyectos propios… aunque, con el tiempo, lamentó aquella decisión. Haber sido copartícipe del éxito visual de “Blade Runner” habría engrandecido aún más su currículum.

Aún sin la aportación del genio francés, Ridley Scott contó con un equipo de colaboradores de primer nivel que hicieron de “Blade Runner” la referencia audiovisual por definición de los años 80. Su director de fotografía fue Jordan Cronenweth, doctorado en el mundo del videclip; de los efectos visuales se encargó Douglas Trumbull, responsable de los efectos de “2001: odisea en el espacio”; Vangelis compuso la banda sonora (después utilizada en la careta del televisivo “Informe semanal”)… y hasta Rutger Hauer puso su granito de arena. O granazo, mejor dicho.

El bueno de Hauer iba para estrella de cine, sobre todo tras su magnética interpretación del líder de los replicantes, Roy Batty, en “Blade Runner”. Pero sus pésimas elecciones profesionales (“Furia ciega”, “Segundo sangriento”, “Peligrosamente unidos”) acabaron desterrándole a las más oscuras estanterías de los videclubs. Sin embargo, Rutger Hauer puede atribuirse el mérito de haber parido la frase más recordada de “Blade Runner”: una frase de la que querrían ser autores todos los guionistas de cómics de ciencia – ficción. A cualquier altura de la estantería.

Obama ataca a Romney por su gestión frente a Bain Capital

Este nuevo spot, es el nuevo video elegido por la campaña de Obama para atacar a Romney donde más le duele, la gestión de las empresas. Es un spot que cuenta con una versión ampliada e incluso con una página web ( www.romneyeconomics.com )

El candidato republicano siempre habla de su experiencia al frente de empresas como su punto más fuerte ente los votantes “yo sé cómo gestionar empresas, por lo tanto sabré gestionar el país, no como Obama” Por eso es probable que el spot funcione; sobre todo en aquellos estados en los que se perdieron miles de trabajos durante la crisis. Este otro spot de Priorities USA Action (Super PAC que apoya a Obama) ha lanzado otro spot insistiendo sobre el mismo tema, con un trabajador lanzando un claro mensaje:

“Si nosotros perdemos, ellos hacen dinero. Si nosotros sobrevivimos, ellos hacen dinero. Así de simple. Nos prometió lo mismo que está prometiendo ahora para los Estados Unidos y nos dará lo mismo: nada. Se lo llevará todo”

Por otra parte, la pasada semana Obama dijo en una entrevista que estaba a favor del matrimonio homosexual. Solo es algo simbólico ya que la legislación sobre este tema depende de los estados (hay 38 que lo prohíben) pero seguro que tendrá efecto en la campaña. Es iluso pensar que alguien decide hacer público algo así en año de elecciones sin pensar en la campaña. Es un tema que puede traerle más problemas que beneficios, ya que el país está dividido casi al 50% con este tema, independientemente de que voten demócrata o republicano. Además el voto gay ya estaba ganado por Obama pero sin duda también le traerá más dinero y apoyos de ciertos grupos (en cuanto hizo publica su posición recaudó un millón en apenas 90 minutos) Por contra, es probable que le traiga problemas en ciertos estado decisivos. Politico enumera siete estados que traerán quebraderos de cabeza para la campaña de Obama con este tema.

Romney por su parte ya se ha declarado totalmente en contra de está opción. Puede que estas palabras de Obama consigan animar a los votantes más conservadores a los que es incapaz de convencer el propio Romney. Lo más probable es que esto no pase a mayores y la elección sea una cuestión económica pero en campaña nunca se sabe y estas cosas pueden ser más importantes de lo que pueden parecernos. Por ahora, la última encuesta de CBS situa a Romney 3 puntos por encima, aunque en la media que presenta Real Clear Politics, Obama se mantiene 1,8 por encima.

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Por qué Obama apoya ahora el matrimonio gay por Jordi Pérez Colomé

Agenda de actividades para el Miércoles 16M en Madrid

16 de mayo

Plataforma contra la privatización del Canal de Isabel II. Universidad 15-M en el Ateneo de Madrid (c/Prado 21)

18.00 Proyección ‘Abuela Grillo’ (12’) , la adaptación animada de un mito
Ayoreo, una fábula que trata la lucha de los pueblos originarios en contra de la
mercantilización del agua.
18.30 Proyección programa ‘El escarabajo verde- Agua, S.A.’ (30’) sobre la
privatización del Canal de Isabel II.
19.00 Introducción ‘Desmontando mentiras sobre el Agua’ a cargo de
Enrique Ortega, miembro de la Plataforma contra la privatización del Canal de Isabel
II, y proyección de la película ‘The Flow: in the love for water’ 2008 (93’) Dirigido por Irina Salina.

20:00 Cacerolada en la Puerta de Sol